«Estudios recientes indican que una de las inversiones que generan más beneficios en los países en vía de desarrollo es mejorar los servicios de salud mental”. El Dr. Martín La Roche, profesor de Harvard University nos habla de su trabajo psicológico integrando aspectos clínicos y políticos, pensando en el contexto venezolano.

Martín Laroche

Junto a las enormes dificultades que ha traído la emigración de millones de venezolanos, también es cierto que esta nos ha permitido extender nuestra mirada y nuestro contacto con el mundo. Eso ha traído algunos hallazgos felices. La ida de unos grandes amigos hace cuatro años a Boston me permitió conocer al profesor Martín La Roche, del cual, a pesar de ser un psicólogo venezolano, graduado de la misma universidad (UCAB[1]) que yo, no conocía su trabajo y su maravillosa trayectoria.

El Dr. La Roche es profesor asociado en la Escuela de Medicina de Harvard y miembro del Boston Children’s Hospital, que ha sido reconocido como el mejor hospital de niños de Estados Unidos por muchos años consecutivos. También es director de entrenamiento en Salud Mental del Martha Eliott, un centro comunitario asociado al hospital. Su trabajo como psicólogo clínico y psicoterapeuta es relevante para Venezuela, no solo por ser fuente de orgullo nacional, sino porque gira en torno a la atención del malestar psicológico en contextos de privación material y disonancia cultural.

Gracias a Carolina Izquiel e Ignacio Cardona, Martín conoció y se involucró con el proyecto de construcción de un Parque Deportivo en la comunidad de Mesuca en Petare. Al Dr. La Roche le llamó mucho la atención la integración del trabajo de diseño urbano, políticas públicas y psicología que desarrolló la alcaldía dirigida en ese entonces por Carlos Ocariz. Tanto que lo quiso incluir como una muestra de algunas ideas que viene desarrollando en torno a la atención psicológica. Este año el profesor La Roche publicó un libro titulado Hacia una Psicoterapia Global y Cultural[2], que trata sobre cómo atender los problemas psicológicos tomando en cuenta el contexto político, económico y cultural en que están inmersas las personas. En él incluye un capítulo sobre Venezuela, que retoma el proyecto de Mesuca. Su trabajo reciente y su reencuentro con Petare, después de muchos años, dio ocasión para sentarnos a conversar sobre el lugar de la psicología en medio de la crisis venezolana.

Para comenzar, Dr. La Roche, cuéntanos de tu crecimiento y formación en Venezuela. ¿Qué recuerdas de tu formación como psicólogo en la UCAB? ¿Qué te sirvió luego en tu carrera como psicólogo clínico en EE. UU.?

Cuando miro atrás me siento muy agradecido y orgulloso de ser egresado de la UCAB. El haber estudiado en la UCAB fue una experiencia fundamental en mi formación profesional. Primero, porque aprendí los modelos básicos de la psicología. Segundo, porque viví muchas experiencias que me enseñaron a extender y criticar lo que estaba aprendiendo y, tercero, porque en la UCAB profundicé mi misión de justicia social.

En la UCAB adquirí una fundación sólida y amplia de la psicología que me ayudó a sobresalir en mis estudios de doctorado en psicología clínica. El haber estudiado filosofía, sociología, obtener una base firme de estadísticas y de la metodología de la investigación, así como del trabajo clínico, me ayudó a avanzar en mis clases, a pesar de que el inglés era mi segundo idioma y de que, además de estudiar, tenía que trabajar 40 horas para pagar mis estudios y mantener mi visa de trabajo en Boston.

Sin embargo, muchas veces creo que aprendí aún más de mis experiencias dando clases de lectura en Petare, fundando un periódico estudiantil, “Reflejo”, participando en un grupo de teatro y como presidente del centro de estudiantes de la Escuela de Psicología. La UCAB enraizó mi misión de justicia social. Mucho de lo que he hecho a lo largo de mi vida profesional responde a esta necesidad de ayudar no solo a los que son suficientemente privilegiados para pagar servicios clínicos. Estas experiencias me ayudaron a tener seguridad en mí mismo y a extender lo que estaba aprendiendo a otros contextos. Creo que muchas de estas experiencias estimularon mi capacidad crítica. Me ayudaron a cuestionar lo que leía y escuchaba. En Petare me di cuenta de las limitaciones de estas ideas y cómo muchas de ellas no son aplicables.

Cuéntanos de tu formación de posgrado en EE. UU.

Soy el primer latino egresado del programa de doctorado en psicológica clínica de la Universidad de Massachusetts de Boston. Cursando este doctorado aprendí muchas ideas interesantes y visiones diferentes de la psicología, pero quizás lo que más me ayudó es que mis profesores me estimularon a pensar críticamente, a cuestionar lo que estaba aprendiendo. Aprecié mucho el contacto individual, el apoyo profesional que recibí de muchos de ellos. Inclusive hoy en día, estas colaboraciones continúan.

Una de las experiencias más valiosas que tuve mientras estudiaba mi doctorado es que hice dos internados en hospitales de Harvard, el Cambridge Hospital y McLean Hospital, donde logré conocer y aprender directamente de muchos de los pioneros actuales de la psicología. Aprendí no solo en teoría sino en práctica y en colaboración con ellos. No olvidaré la sabiduría de Judith Herman[3] o la destreza clínica de John Gunderson.

¿Cómo fue la experiencia de ser inmigrante?

Tengo que reconocer que muchas veces fue difícil ser inmigrante venezolano en Boston. Nadie conocía mucho de Venezuela. Algunos hasta pensaban que Venezuela quedaba en África. En el doctorado me encontré rodeado de gente de otras partes de EE. UU. y del mundo. Yo era una minoría no solo porque hablo español y por el color de mi piel, sino también porque mis ideas y perspectivas no son cónsonas con muchas ideas americanas tradicionales. En las clases era evidente que los profesores preferían las ideas y los valores americanos mientras que mis principios y humor venezolano generaban malentendidos. Había una profesora que me interrumpía apenas empezaba a contestar sus preguntas en clase. Luego de mi segunda frase ella me callaba y les pedía a los estudiantes americanos que respondieran a la pregunta claramente. Yo era el “otro”.

Tuve que aprender estrategias para que conocieran lo que realmente podía hacer y quien soy. Sin embargo, creo que poco a poco aprendí de estos golpes. Entendí que muchas veces la gente no esperaba mucho de mí porque mi piel no es blanca. Esto fue doloroso y frustrante. Aunque otras veces creo que estas experiencias me han ayudado a ser más fuerte y tener una perspectiva más empática.

Creo que esta vivencia de aprender de las diferencias es, hoy en día, una de las ideas principales de mi trabajo clínico y político. Mi trabajo se centra en cómo escuchar al otro sin patologizarlo.

Dada la situación política, creo que es una prioridad que dialoguemos con otros y exploremos juntos nuestras potencialidades independientemente de cuál sea el color de nuestra piel, filiación política, nivel socioeconómico o religión. Lamentablemente, en los EE. UU. los inmigrantes de piel oscura sufren de mucho estigma y discriminación. Peor aún, muchos musulmanes son considerados enemigos del país por el solo hecho de ser musulmán. Estas diferencias están creciendo con el discurso político de Donald Trump que divide y pone a diferentes grupos en contra de otros. Su política de dividir para conquistar está radicalizando a la población americana. Las crecientes polarizaciones entre republicanos y demócratas en EE. UU. está conllevando a conflictos que recuerdan a los primeros choques entre chavistas y no chavistas.

¿Cuál es tu visión desde lejos de lo que viene ocurriendo en Venezuela?

Es extremadamente triste ver cómo mi país continúa desplomándose en un abismo que parece no tener fondo. Cada día más personas sufren de hambre, más personas son víctimas del hampa, más personas carecen de servicios médicos mientras que la desesperanza crece. Cuando emigré de Venezuela era la potencia económica de Sur América. Ahora es el país más pobre del continente. Cuando emigré de Venezuela, pocos emigrábamos. Ahora, casi cinco millones de venezolanos han huido del país en apenas cinco años. Venezuela tenía la constitución más antigua de Sur América y hoy en día la dictadura de Maduro ha erradicado la credibilidad de las instituciones. En cierta forma creo que nuestro libro titulado Hacia una Psicoterapia Global y Cultural es una respuesta concreta tanto a la crisis que está devastando a Venezuela como a las políticas tóxicas que Trump está imponiendo en los EE. UU.

¿Nos puedes describir un poco a lo que te refieres como psicoterapia global y cultural y qué puede aportar a la crisis venezolana?

A diferencia de la psicoterapia tradicional que se enfoca en reducir los síntomas del individuo, el modelo global y cultural, además de abordar los síntomas individuales, enfatiza la importancia de cambiar contextos de injusticia socioeconómica y política a través de un incremento en nuestra conciencia social y trabajo comunitario. Nuestros comportamientos/pensamientos/sentimientos están estrechamente vinculados con nuestros contextos globales y culturales. Por ejemplo, el vecindario y el país donde vivimos tiene un poderoso impacto en nuestras experiencias. Es muy diferente vivir en Petare que en el Alto Hatillo, o en Boston. Por lo tanto, la psicoterapia que se use en Venezuela debe estar basada en las características del venezolano y no las del americano. Lamentablemente, la mayoría de los modelos de psicoterapias están desarrolladas en los EE. UU. para americanos. Es importante continuar desarrollando una psicoterapia que responda a las necesidades y características del venezolano como las ideas de resiliencia de Carolina Izquiel[4], quien plantea que los problemas venezolanos pueden ser también herramientas para crecer y desarrollarnos como una comunidad, no solo como individuos.

¿Puedes ser más específico en cómo piensas que debemos desarrollar una psicoterapia venezolana?

El primer paso es trabajar con psicólogos venezolanos de diferentes partes del país y grupos socioeconómicos. No debemos imitar la psicología de otros países. Es importante darle prioridad a la voz de los venezolanos que están trabajando con equipos multidisciplinarios y, sobre todo, con la comunidad a la cual le vamos a proveer nuestros servicios de psicoterapia. Estas colaboraciones se pueden beneficiar de profesionales de otros países con perspectivas diferentes. En nuestro libro presentamos un capítulo de cómo la comunidad de Petare construyó el Parque Deportivo de Mesuca en conjunto con equipos multidisciplinarios. Mientras más diverso y representativo de la comunidad sea el equipo de trabajo, más opciones habrá para resolver diferentes problemas en una forma coordinada. A veces resolviendo un problema con una visión global permite resolver otros problemas. Por ejemplo, el Parque Deportivo Mesuca se construyó encima de una chatarrera que tuvo que limpiarse. Entonces, la construcción de este centro no solo fomentó el deporte y la salud, sino también ayudó a limpiar a Petare. Además, mientras la comunidad diseñaba y construía este centro, el nivel de crimen bajó y el nivel de esperanza subió en la comunidad. El contexto influyó en el comportamiento y estado afectivo de los residentes de Petare. El modelo que proponemos promueve esta visión global que conduce a resolver más problemas de una forma coordinada y sistemática.

Luego de integrar un equipo representativo de la comunidad y de los recursos existentes, es necesario analizar el contexto global y cultural. Si no consideramos este contexto, nuestro entendimiento estará nublado o incompleto. Estaremos ciegos al poderoso efecto de las fuerzas socioeconómicas, políticas o internacionales. El resultado será que nuestras intervenciones clínicas terminarán siendo limitadas. Además, cuando solo nos enfocamos en el individuo desconectado de sus realidades sociales, económicas y políticas, perpetuamos las injusticias socioeconómicas porque no las estamos cuestionando o transformando. La psicoterapia puede ser agente de cambio social solo en la medida en que incluyamos el contexto cultural y político en el proceso psicoterapéutico. Lamentablemente, muchas veces se ha afirmado que el hablar de las fuerzas políticas en el proceso psicoterapéutica no es psicoterapia. Muchas veces se dice que el psicólogo debe ser neutral a estas luchas políticas. Sin embargo, yo pienso que es irresponsable no hablar de las injusticias mientras suceden. El problema no es el hablar de estas injusticias, sino el cómo hablar de ellas sin que le impongamos a nuestros pacientes o comunidades nuestra agenda política.

Uno de los mayores retos de la psicoterapia venezolana sigue siendo cómo vamos a proveer de servicios de salud mental a la gran población que vive en los barrios que repetidas veces han sido olvidadas. Una población que día a día continúa siendo traumatizada por el hambre, crimen, violencia y por la dictadura. El asistir a los venezolanos a manejar este terrible nivel de trauma es una prioridad nacional. No podremos ayudar a esta población a través de los medios clásicos de la psicoterapia tradicional. No va a ser suficiente que un psicólogo clínico ayude a un paciente en terapia individual por muchos meses. Una vez que la dictadura caiga vamos a tener que trabajar en un programa de reconciliación nacional para lograr integrar a los diferentes grupos en un proceso democrático en donde todos podamos trabajar en reconstruir nuestro país.

Tendremos que entrenar muchos residentes en los barrios para proveer de ayuda psicológica a través de grupos, visitas al hogar o iglesias. Vamos a tener que ser creativos y diseñar nuestras intervenciones de acuerdo a las exigencias de las comunidades venezolana. Pero si estos servicios no se brindan, los problemas se van a multiplicar exponencialmente. Estudios recientes indican que una de las inversiones que generan más beneficios en los países en vía de desarrollo es el mejorar los servicios de salud mental[5]. Una población saludable es más creativa y productiva.

Hablas mucho del aspecto global y solo te estoy escuchando hablar del aspecto comunitario. ¿En qué consiste la dimensión global?

Somos parte de una comunidad global y lo que sucede en otros rincones del mundo tarde o temprano termina influyendo en lo que aquí estamos viviendo. Es más, el impacto de los mercados y corporaciones internacionales también moldean significativamente nuestras realidades. Por ejemplo, hoy en día las noticias en EE. UU. se enfocan en el juicio a Trump. Lamentablemente, este énfasis hace que se olviden las luchas latinoamericanas y cómo los errores de Trump han fortalecido la dictadura en Venezuela. La política americana es llamada imperialista, mientras que la dictadura se apodera de la narrativa del diálogo y justicia social para mantenerse en el poder. Es necesario identificar estas dinámicas internacionales para no estar sujetas a ellas.

Varias veces has mencionado el proyecto del Parque Deportivo Mesuca ¿por qué crees que es relevante dada la situación crítica que Venezuela está sufriendo?

Ante de hablar de este proyecto tengo que darle crédito a la comunidad de Petare por su incansable lucha por justicia social y a los profesionales venezolanos e instituciones que se comprometieron en esta labor. Algunos de ellos trabajaron en este proyecto a pesar de repetidas amenazas de muerte. El extraordinario esfuerzo de la Alcaldía de Sucre, AREPA, Arquitectura, Ecología y Paisaje[6], UCAB, bajo el liderazgo de Ignacio Cardona, no debe olvidarse. Yo me junté a este esfuerzo para darle voz internacional a esta comunidad que no se dio por vencida a pesar de los muchos obstáculos. El ejemplo de esta comunidad me ha entusiasmado mucho y me ha devuelto la esperanza. Así como la comunidad de Petare pudo construir un hermoso parque deportivo en donde antes había un depósito de chatarra, nosotros podremos reconstruir Venezuela de los estragos de la dictadura.

¿Conoces iniciativas similares en otros lugares? ¿Proyectos en que la intervención urbana y la psicología se complementen?

Sí, en muchos países, desde Siria hasta Uganda, diferentes comunidades han logrado trabajar juntos y construir mejores instituciones para servir a sus residentes a pesar de que la nación sufra de conflictos no resueltos como el que está viviendo Venezuela. La constante es que en todos estos proyectos comunitarios diferentes grupos comienzan a escucharse y aprender de sus diferencias. Aprendemos que podemos trabajar juntos hacia un objetivo común que es mucho mayor que nuestras diferencias. Es indudable que los conflictos van a surgir. El reto es usar los conflictos como una oportunidad de enriquecimiento personal y comunitario. Sin embargo, para que estas conversaciones ocurran hace falta apoyo institucional y cierto nivel de seguridad. La dictadura ha perdido toda credibilidad y ya no puede proveer esta atmósfera de seguridad. La dictadura está más interesada en enriquecerse que servir al pueblo.

Volver al trabajo de la UCAB y Petare ha sido como volver a mis raíces que me han fortalecido moralmente. En este trabajo le hemos dado voz internacional a Petare, la UCAB y Venezuela. A través de estas colaboraciones hemos aprendido mucho y estoy muy agradecido por estas oportunidades. Espero que este trabajo sea un comienzo porque es bastante lo que podemos hacer juntos y apenas estamos comenzando.

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[1] Universidad Católica Andrés Bello

[2] La Roche, M. (2019). Towards a Global and Cultural Psychotherapy: theoretical foundations and clinical implications. San Diego: Cognella.

[3] Judith Herman es una de las pioneras en el trabajo con víctimas de trauma, incorporando una visión política al abordaje. Su libro “Trauma and Recovery”, es ya un clásico en el área.

[4] Izquiel, C. (2007). Resiliencia y Adolescencia: un estudio acerca de la vivencia de un grupo de adolescentes con logros académicos, en situación de pobreza. Caracas: Consejo Municipal del Consejo del Niños, Chacao.

[5] Patel, V., . .. Unutzer, J. (2018). The Lancet Commission on Global Mental Health and Sustainable Development. Lancet, 10, 1—40.

[6] AREPA: Arquitectura, Ecología y Paisaje, la empresa que dirigió el proceso de construcción del Parque.

_______________ Publicado en Prodavinci el 17 de enero de 2020.